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18 febrero, 2009

Sed non satiata


Extraña deidad, morena como las noches, de perfume donde se mezclan el almizcle y el tabaco —obra de algún obí, Fausto de la llanura—, bruja de flancos de ébano, hija de las negras mediasnoches, yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches, el elixir de tu boca donde el amor se pavonea. Cuando hacia tí mis deseos parten en caravana, tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos.

Por esos grandes ojos negros, respiraderos de mi alma, oh demonio sin piedad, viérteme menos fuego: no soy la Estigia, para abrazarte nueve veces, ¡ay de mí!, ¡no puedo, Furia libertina, para quebrar tu ánimo y acorralarte! ¡en el infierno de tu lecho transformarme en Proserpina!


Ch. Baudelaire



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Como siempre, espero que la proxima entrada sea un escrito de mi autoría.

02 junio, 2008

Letanías de Satán



¡Oh, tú, el más sabio y el más bello de los ángeles,
dios traicionado por la suerte y privado de alabanzas!

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Oh, príncipe del exilio, a quien se le ha hecho un agravio,
y que, vencido, siempre te levantas más fuerte,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que lo sabes todo, gran rey de las cosas subterráneas,
sanador familiar de las angustias humanas,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que, lo mismo a los leprosos que a los parias malditos,
enseñas por el amor el gusto del Paraíso,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que de la muerte, tu vieja y fuerte amante,
engendras la esperanza -¡una loca encantadora!

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que haces al proscrito esta mirada calma y alta
que condena todo un pueblo alrededor del patíbulo,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que sabes en qué ángulos de las tierras envidiosas
el Dios celoso escondió las piedras preciosas,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, en quien la mirada clara conoce los profundos arsenales
donde duerme amortajado el pueblo de los metales,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú, en quien la larga mano esconde los precipicios
al sonámbulo errante al borde de los edificios,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú que, mágicamente, ablandas los viejos huesos
del borracho tardo atropellado por los caballos,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú, que para consolar al hombre frágil que sufre,
nos enseñas a mezclar el salitre y el azufre,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú, que pones tu marca, oh, cómplice sutil
en la frente de Creso despiadado y vil,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Tú, que metes en los ojos y en el corazón de las muchachas
el culto de la llaga y el amor de los andrajos,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Bastón de los exiliados, lámpara de los inventores,
confesor de los ahorcados y de los conspiradores,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Padre adoptivo de estos que en su negra cólera
del paraíso terrestre ha expulsado Dios Padre,

¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!

- Oración -
Gloria y alabanza a Tí, Satán, en las alturas
del Cielo donde una vez reinaste y en las profundidades
del Infierno, donde, vencido, sueñas en silencio!
¡Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la Ciencia,
cerca de Tí repose, en la hora en que tu frente
como un Templo nuevo sus ramajes se extenderán!



Charles Baudelaire

24 abril, 2008

De profundis clamavi


Imploro tu piedad, Tú, el único que yo amo,
Desde el fondo del abismo oscuro donde mi corazón ha caído.
Es un universo triste de horizonte plúmbeo,
Donde flotan en la noche el horror y la blasfemia;

Un sol sin calor se cierne por encima seis meses,
Y los otros seis la noche cubre la tierra;
Es un lugar más desnudo que la tierra polar;
—¡Ni bestias, ni arroyos, ni verdor, ni bosques!

Pues bien, no hay horror en el mundo que supere
La fría crueldad de este sol de hielo
Y esta inmensa noche semejante al viejo Caos;

Envidio la suerte de los más viles animales
Que pueden sumergirse en un sueño estúpido,
¡A tal punto la madeja del tiempo lentamente se devana!


Ch. Baudelaire



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"Toma a este cuerpo en constante caída..."

21 marzo, 2008

El muerto alegre

En una tierra crasa y llena de caracoles
Yo mismo quiero cavar una fosa profunda,
Donde pueda holgadamente tender mis viejos huesos
Y dormir en el olvido como un tiburón en la onda.

Yo odio los testamentos y yo odio las tumbas;
Antes que implorar una lágrima del mundo
Viviente, preferiría invitar a los cuervos
A sangrar todas las puntas de mi osamenta inmunda.

¡Oh, gusanos! negros compañeros sin orejas y sin ojos,
Ved cómo hasta vosotros llega un muerto libre y alegre;
Filosóficos vividores, hijos de la podredumbre,

A través de mi ruina pasad sin remordimientos,
Y decidme si hay aún alguna tortura
Para este viejo cuerpo sin alma ¡y muerto entre los muertos!



Ch. Baudelaire



"Suenan estos versos en su voz, expandiendose en la melodía terrible, como sobre un lecho de marea violenta que te toma..."

22 febrero, 2008

Al lector



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La estupidez, el error, el pecado, la mezquindad,
Ocupan nuestros espíritus y minan nuestros cuerpos,
Y nosotros alimentamos nuestros remordimientos,
Como los mendigos nutren a su piojera.

Nuestros pecados son tercos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar con creces nuestras confesiones,
Y volvemos alegremente al camino fangoso,
Creyendo lavar con viles llantos todas nuestras manchas.

En la almohada del mal es Satán
Quien mece mucho tiempo nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Se ha evaporado totalmente por obra de este sabio químico.

El Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les hallamos encantos;
Cada día descendemos un paso hacia el Infierno,
Sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Igual que un pobre viejo que besa y muerde
El seno maltratado de una prostituta,
Robamos al pasar un placer clandestino
Que exprimimos muy fuerte como una naranja seca.

En nuestro cerebro se agita un tropel de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a nuestros pulmones
Desciende, río invisible, con sordos gemidos.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
No han bordado aún con sus singulares dibujos
El cañamazo banal de nuestros tristes destinos,
Ello se debe, a que nuestra alma no es lo bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, los linces,
Los monos, los escorpiones, los buitres, las serpientes,
Los chillones, aulladores, gruñidores, rastreros,
En la infame casa de fieras de nuestros vicios,

¡hay uno más feo, más malvado, más inmundo!
Aunque no hace aspavientos ni lanza agudos gritos,
Convertiría con gusto a la tierra en un despojo
Y en un bostezo se tragaría el mundo;
¡es el Aburrimiento! -con los ojos inundados de un llanto involuntario-
sueña con cadalsos mientras se fuma una pipa.
vos conocés, lector, a ese monstruo delicado,
hipócrita lector -mi semejante- mi hermano!


Ch. Baudelaire
 

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